Una molécula comúnmente hallada en uvas, moras y cacahuates, puede ser la clave para prevenir la propagación del cáncer.

El resveratrol se encuentra principalmente en la cáscara de las uvas y el vino, al igual que en otros frutos rojos y la piel de algunas legumbres. De acuerdo con una nueva investigación del Departamento de Genética y Biología Molecular del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinestav), ayuda a inhibir la propagación de células cancerosas.

La molécula identificada como resveratrol es un antioxidante que es conocido por prevenir el envejecimiento de las células, además de que ayuda a reducir los niveles de colesterol dañino (LDL) y aumentar los de colesterol bueno (HDL), previniendo enfermedades cardíacas.

El estudio; que firman Patricio Gariglio Vidal, Aquetzalli Arenas-Hernández, Enrique García Villa, entre otros; descifró los medios con los que este compuesto natural inhibe la propagación del cáncer y la manera en que contribuye a eliminar la resistencia a medicamentos como el cisplatino, utilizados en quimioterapias.

El uso del cisplatino para el tratamiento se debe a su eficacia. Sin embargo, este método tiene varios efectos secundarios como trastornos de percepción y audición, además de ser propicio a generar resistencia.

La administración de cisplatino en conjunto con resveratrol reduce la cantidad del agresivo medicamento necesaria para el tratamiento, además de que se elimina la resistencia que las células cancerosas pudieron haber generado.

Al observar que esta combinación inhibía la proliferación celular y eliminaba la resistencia de las células, nos dedicamos a descifrar el mecanismo molecular por el cual el resveratrol quita los obstáculos para activar mecanismos de apoptosis”, explica Jorge Arturo Hernández Valencia, egresado del doctorado del Departamento de Genética y Biología Molecular.

El resveratrol activa la proteína P53, conocida comúnmente como el ‘guardián del genoma’. Esta proteína bloquea el desarrollo tumoral de las células, aumentando la presencia de proteínas que se ocupan de activar un proceso conocido como apoptosis, en el que gradualmente se disminuye la presencia otras proteínas que se encargan de la supervivencia de las células, incluyendo las malignas.